Por Wendy Routman

Cuando se pasa por situaciones difíciles,  es cierto que, casi siempre, contamos con una mano amiga para darnos ánimo y recordarnos que la vida sigue y hay que continuar. Sin embargo, hasta que uno mismo no es el que está pasando por la calamidad, no se puede entender a ciencia cierta para qué me sirve querer seguir, si lo acabo de perder todo.

La “calma después de la tormenta”; va más allá de simplemente esperar que las cosas vuelvan a la normalidad por si mismas. La calma es más bien un capítulo nuevo, que se comienza a escribir luego de la devastación, cuando surgen las oportunidades. Se puede uno simplemente hundir en la calma, o reconstruir sobre las ruinas, y esto último se puede tomar literal y simbólicamente.

Tal vez el dicho “después de la tormenta viene la calma”; debería ser escrito así: “Después de la tormenta viene la oportunidad”. Es una situación forzosa que nos impone el tomar decisiones inmediatas a cosas pendientes en la vida que simplemente estaban siendo ignoradas por miedo a enfrentarlas. Ahora sí, nos tocó decidirlo, dejar de esconder la cara y decir: “Está bien, voy a cambiar. Esta es una buena oportunidad para hacerlo”.

Es cierto que la calamidad puede sacar a la luz, de qué estamos hechos por dentro. Es fácil ponerse la máscara de la valentía cuando todo está bien, pero cuando una tormenta arrasa con todo, solo quedamos con la vergüenza de saber que no éramos nada de lo que decíamos ser.  La hora de la calma, es la hora del cambio. El cambio primero como persona, reconstruirse con los materiales que de verdad hacen a una persona fuerte, tales como la humildad, la integridad, la honestidad, el amor y la Fe en quien, de ante mano conocía lo que había de venir.

Para el Creador, siendo creador de todo, nada le toma por sorpresa. Dios más que nadie desea que seamos personas compuestas de materiales fuertes y resistentes. Luego de que esa tormenta sacude lo malo y lo expone ante nuestros ojos, viene la calma, la hora de practicar la verdad, Su Verdad. La hora de construir y reconstruir, la hora de hacerlo otra vez y mejor de lo que era. No se trata de dormir cuando viene la calma, sino de trabajar el doble para cambiar muchas de las cosas que de otra manera no hubieran podido cambiar en nuestras vidas.

Después de la tormenta, decida trabajar aún más y alcanzar el sueño que tanto anhela. Recuerde que está frente a una nueva oportunidad. No la deje pasar nuevamente. No espere a que otra tormenta lo desvíe y arrase nuevamente.

Photo credit Daria Nepriakhina

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